martes, 19 de marzo de 2013

Intriga.


Haría el mismo frío que esta noche cuando sucedió. Quizá más. La misma poca luz, la que regalan las noches cerradas en una calle escondida de la gran ciudad, con farolas centelleantes, ocultas entre ramajes de árboles alquitranados. Sería tarde. Esa es exactamente esta historia, una hora tardía, entre sombras, alquitrán y vapores gélidos. Y ella.

Sumido en mis pensamientos fugaces, fue cuando se situó a mi lado. Bella, muy bella. Demasiado bella para alguien como yo. No me importaba su nombre, y jamás llegaría a saberlo, ni tan siquiera quería saberlo, sería como poner nombre al dolor, impregnar de afecto un sentimiento oscuro y tormentoso. En su cuello oscilaba un collar con una bola del mundo. Esto, junto con un tatuaje tribal perfilado en su muñeca izquierda, su actitud desafiante y su mirada perdida en el infinito, era de lo poco que le caracterizaba, a parte de su belleza.

Era una situación extraña. Unas cuantas personas esperaban junto a nosotros a que esa luz verde indicase que el camino de nuestras vidas podía continuar, pero ninguna parecía interesarse por ella, todos se encontraban más preocupados de mantener sus conversaciones que de la situación dantesca que acontecería.

Sin previo aviso, dio un paso al frente.

Afrontó con intriga su destino. Rodeada por el gentío que dejaba atrás, cuyo ego absorbía toda la atención dentro de cada componente. Sola. La fuerza le empujaba a continuar su camino. La sombra más oscura era seguida del blanco cegador. L a sombra más oscura incluía una neblina que intentaba camuflar de agradable lo desconocido. El blanco se fundía con borrones negros que demostraban que lo iluminado incluía el factor de un azar contrario. O favorable. Pero desconocido. Detrás, empujan. A un lado, el infinito. Al otro, la presión, el peligro. Segundos para tomar una decisión, que habría de afrontar mientras la inmersión en otra serie de pensamientos provocaba un cúmulo de voces que aturdían a la lógica, y empujaban a la locura. No hay concentración, ni tiempo. Nunca hay tiempo. El invento peor administrado de la lógica humana. Tic. Tac. Corre. Y afrontó aquel paso de cebra como si el destino le fuese en ello.

martes, 8 de enero de 2013

Dream.

Soñando despierto. Si es por soñar que no quede. A nadie se le da mal soñar. En mis sueños yo navego por cielos de gominola a lomos de un dragón azul de hielo y argón. En mis sueños soy el puto rey del mundo de los seres sin cabeza y me gano la vida con implantes de cabello. En mis sueños salvo el planeta de la invasión lenta pero segura de la estupidez y la mediocridad, armado con un sable láser de color naranja atardecer. En mis sueños soy capaz de conseguir que te quedes a mi lado, que no te vayas nunca, que nunca te hayas ido. En mis sueños lo irreal se vuelve común y lo imposible rutinario, porque son mis sueños, y mi mundo, el único lugar que siempre estará a salvo de las manazas de la costumbre.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Soys.


Soys. Lo seguiré escribiendo con "y". El motivo es simple, cabezonería.

La cabezonería. El cerrar la mente. Es el error del ser humano más común e inevitable. Las mentes, por muy abiertas que estén, siempre se suelen cerrar en banda en uno u otro aspecto de la vida. Nuestra mente está hecha para comprender una serie de cosas, llamadas caprichos y necesidades, y ya está. No vale para comprender a otras personas, a no ser que sea capricho o necesidad. Interés. Interés es la palabra. Si realmente uno se interesa en alguien, puede llegar a comprenderle, sin tener que compartir esa visión. El mundo sería más fácil con visiones objetivas, y robóticas, pero menos divertido, y menos humano. Y la gente como yo no existiría. O seríamos adictos al soma, a las drogas sintéticas, o a cualquier tipo de placebo en forma de droga.

La droga. Sí, hoy, como diría una joven concienciadora (juraría que acabo de inventarme esta palabra) de mentes adolescentes, voy a hablar de la droga. La droga está mal conceptuada en esta sociedad. No funciona prohibirla. No funcionan las charlas informativas ultrafantasiosas en las que te dicen que si te fumas un maca de hierba la policía puede multarte durante 30 días si te hace un test de saliva. ¿Y legalizarla? ¿Regularizarla? ¿Informar de verdad? Son cosas que la mayoría de políticos no se plantearían, un progreso retrógrada. Un retroceso en la salud pública. O no. Es un tema muy complicado, pero no entiendo ciertas cosas. La marihuana es ilegal en España. Nadie puede morir de sobredosis de marihuana. El tabaco es legal en España. Dios, y la ministra de sanidad, saben cuántos muertos se producen por el tabaco solo en España. El alcohol es legal. Dios, y cualquier joven que se mueva un poco por su ciudad, sabe los estragos que causa el alcohol por las noches. El único interés en mantener la ilegitimidad de la droga posiblemente sea económico. Sí, económico. Hay gente, mucha, que con ese dinero negro crea negocio al pez gordo del maletín y el traje. El dinero negro, pasa a ser dinero blanco, y aumenta el capital del narco y del blanqueador. Cadena que no interesa romper. La sociedad funciona. El rey cobra su dinero, y el presidente el suyo, al igual que el narco y el sucio empresario explotador. ¿Qué problema hay? Si acaso lo hubiese, culpemos al negro de la esquina. Que seguro que vende droga a los niños.

El sarcasmo. Dícese de la figura retórica favorita de los políticos. Si las promesas electorales no son sarcasmos, la política es un sarcasmo en sí. 

"Hoy solo sonrío recordando, porque no quiero que la vida de para más".

jueves, 6 de diciembre de 2012

Réquiem.


Clavando manecillas de relojes en los dedos.

El tic tac se me clava en la sien. En los dedos. En el alma. En los pies helados por el frío invierno, o en la cálida sensación veraniega que se evaporaba entre alcohol y sexo. Sí tío, lo llaman vivir. Tomarse la vida como un regalo quizá sea tan error como tomársela como un tormento, castigo. La vida es vida. No tenemos nada más asegurado, así que, hay que vivirla con la seriedad suficiente como para no arrepentirnos de demasiadas cosas, y con la relajación que hoy en día la sociedad no nos permite. Esto viene a ser una reflexión sobre mi punto de vista de la vida en general.

La vida. La vida debería ser libre. Alejada de relojes. De humo. De nieblas. De oscuridad. De la muerte. La vida solo podría ser confundida con la muerte cuando esto sea irremediable. Una vida no debería provocar la muerte en otra vida, a no ser que esta vida considere la suya propia como suplicio. Oséase, sobre el dilema eutanásico. Una vida solo debería llevarse a cabo si no fuese más que a arruinar la suya propia y la de sus congéneres. Oséase, sobre el dilema abortista. Una vida no debe valer más que otra vida. Oséase, sobre el dilema de la sociedad estamental en la que vivimos. Una vida no debe ser oprimida por pensar de forma distinta. Oséase, sobre el dilema fascista. Una vida no debe ser oprimida por tener distinta apariencia. Oséase, sobre la caza indiscriminada de personas y otros animales.

Tonterías aparte, la vida hoy en día es un valor a la baja. Con algo de dinero, puedes modificar, eliminar, reemplazar, amargar, menospreciar, sobrevalorar e incluso, crear una vida. Cuánto asesinato por la televisión, y cuánta insensibilización. El ver decenas de niños muertos en diversos rincones del planeta mientras se procede a comer en la mesa, y que todo pase sin importancia, es lo habitual. Al escribir esto no estoy haciendo activismo por nada, ni busco que te metas en ninguna ONG para parar esto. No pretendo que votes a un partido, ni parecido. Solo quiero que pienses. Piensa. Hazlo. Hay gente muriendo en Palestina, aplastada por el capital, por el dinero, por el poder. El poder sobre las vidas es más importante que las vidas propias hoy en día. Ese chaval tira piedras al tanque porque asesinaron a su familia para construir sobre los escombros una serie de pisos para isrraelitas. Ese niño muere de hambre porque las modelos multimillonarias pueden comer y no quieren.
Y mírate. Dices que quieres morirte porque te ha dejado el novio.
Y mírate. Dices que quieres morirte porque te han castigado tus padres.
Y mírate. Dices que quieres morirte por catear cuatro asignaturas.

Tío, valora tu vida. Si tú no lo haces, no lo va a hacer nadie. Hoy en día el valor de una vida no es más que el valor que le des tú. Porque el resto de gente no va a valorarla. Quizá los que te rodean, sí, pero...¿a caso sirve para algo si no la valoras tú? Esto no es un mensaje anticapitalista, ni anarquista, ni positivista, ni nada. Te estoy pidiendo a ti, que en tus manos está tu destino, que luches por lo que quieres, y por todo lo que puedas, sin aplastar a otras vidas. Te estoy pidiendo que desarrolles tu libertad. Que huyas. Que vueles. Que pienses: "Estamos puteados por los de ahí arriba. Quizá no pueda hacer nada, pero joder, ya que yo puedo llegar a lo que quiera, lo voy a hacer. Voy a dar valor a mi vida". No quiero que valores el dinero, a no ser que ese sea tu propósito. Entonces hazlo, consigue dinero si eso te hace más feliz, siempre y cuando, respetes a las personas. Únete a una ONG para ayudar a los refugiados, o comprate esa bolsa de patatas fritas que tanto te gusta. Lo que sea tío, pero valora tu vida. Los hay que no pueden.

Mi vida perfecta estaría compuesta de todo lo que no se suele valorar a día de hoy. La libertad plena. La huida de las dimensiones espacio-temporales, económicas, y del resto de cosas en las que tú y todos nos vemos involucrados de una forma u otra, y que para algunos pueden suponer metas, y sin embargo, para mí, son una opresión.

Del de los pájaros en la cabeza.


martes, 27 de noviembre de 2012

¿Dios?


Miró con gesto valiente hacia la luz que todo lo cegaba. Era una luz extraña, ambigua, más típica de un foco de interrogatorio que de lq luz que dicen que se encuentra al final del túnel . A él ya no le afectaban las cosas. Sabía a qué se enfrentaba, y que todo dependía del valor que le diese a las cosas. Y para él, todo aquello era insignificante. Los errores pasados no eran pecados, solo eran parte de ser humano. Si no consiguieron venderle la fé, no conseguirían venderle el cielo, ni hoy, ni nunca.
En el estado en el que se encontraba no recordaba la edad que tenía, tuvo, o lo que fuese. Era como si la memoria se le hubiese reseteado en ciertas partes, lo justo como para permitirle una conciencia, un habla, una serie de datos personales y otra serie de recuerdos que no sabía con exactitud a qué venían.

-Hola. Esto es lo que querían que pensases en la Tierra.
-¿Pero qué coño?
-Dos de cada tres usan la misma expresión. Ay, estos hombres...
-¿Dios?
-Ya quisiera. Firme aquí para su ingreso en la sociedad.
-¿San Pedro?
-Que no tío. Que esto no es el cielo. Una cosa es lo que querían que pensases, otra cosa es la realidad. ¿Has visto Beattle Juice?
-Sí. Aunque no la recuerdo.
-Vale, pues esto es igual. Entras, aprendes, trabajas hasta agotarte, y te vas.
-¿Esto es el paraíso?
-Llámalo equis, llámalo alpha...
-¿Y todo lo aprendido en vida?
-Lo aprendido en vida, para la vida. Lo aprendido aquí, para aquí. Eso sí, no puedo prometerte nada después de esto.
-Podéis inventar un libro sagrado para ello, deberíais intentarlo.
-El ser humano tropieza dos veces con la misma piedra. Pero no dos veces con una mentira universal.
-¿Dónde decía que tengo que firmar?


Las historias ficticias son ciertamente improbables en su condición de ficticias. Imagínate una historia en la que un zombie es el hijo del creador de toda la vida y del universo. Por Dios, si este hubiese existido y hubiese mandado realmente un emisario a la Tierra para interpretar su "palabra", seguramente habría sido más parecido a Hitler o a Bush que al Jesús que todos hemos visto y conocemos. Y eso es así.


Aprieta, pero no ahogues. Quiero llegar al límite. Sufrir, pero sin llegar a molestarme, inmutarme por ello. Que me empujes hasta el borde, al límite. Que me dejes el último aliento para mí, y solo para mí. Que el filo quede a un centímetro de lo más profundo. Que hagas que todo deje de importar hasta un punto mínimo. Que las lágrimas queden en el borde de las glándulas lacrimales. Que la locura no llegue a contagiarme por completo. Que el odio no llegue a contagiarme por completo. 

Y ahora, haz que abra mis ojos frente a los tuyos.

martes, 6 de noviembre de 2012

Religión.


"Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aun por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara merecería la atención de un psiquiatra en un tiempo iluminado, o la del inquisidor en tiempos anteriores". B. Russel.

Es muy sencillo lo que se quiere decir con esto, que la razón por la que la religión organizada merece hostilidad abierta es que, a diferencia de la creencia en la tetera de Russell, la religión es poderosa, influyente, exenta de impuestos y se la inculca sistemáticamente a niños que son demasiado pequeños como para defenderse. Nadie empuja a los niños a pasar sus años de formación memorizando libros locos sobre teteras. Las escuelas subvencionadas por el gobierno no excluyen a los niños cuyos padres prefieren teteras de forma equivocada. Los creyentes en las teteras no lapidan a los no creyentes en las teteras, a los apóstatas de las teteras y a los blasfemos de las teteras. Las madres no advierten a sus hijos en contra de casarse con infieles que creen en tres teteras en lugar de en una sola. La gente que echa primero la leche no da palos en las rodillas a los que echan primero el té.

domingo, 21 de octubre de 2012

Soledad.

Debéis aprender una cosa, imprimirla en vuestra mente todavía maleable: el hombre tiene horror a la soledad, pánico, tememos la soledad. Y de todos los tipos de soledad, la soledad sentimental y moral es la más terrible. Los primeros ermitaños vivían con Dios. Habitaba en el más poblado de los mundos: el mundo de los espíritus, de los dioses (marihuana dubidu). Pero... el primer pensamiento del hombre, sea un ermitaño, un leproso, un prisionero, o un jodido pescador, es éste: tener un compañero para su desgracia. Para satisfacer este impulso, que es la vida misma, emplea toda su fuerza, todo su poder, las energías de toda su vida. ¿Hubiera encontrado compañeros el Che para su revolución sin este deseo todopoderoso? Sobre este tema se podría escribir todo un poema épico, que sería el prólogo del Paraíso Perdido, porque el Paraíso Perdido no es más que la apología de la rebelión, una apología de Jhon Milton de más de 10.000 versos, pero que no tiene perdida.
 Pero no me andaré más por las ramas, voy a procurar mostraros esa necesidad de sentirse unido a los otros, ya que esto no posee ninguna cualidad misteriosa, y deseo señalar la dirección en la cual, según mi opinión, puede hallarse la respuesta al por qué de este temor a la soledad.
Un elemento muy importante lo constituye el hecho de que los hombres no pueden vivir si carecen de formas de mutua cooperación. En cualquier tipo posible de cultura el hombre necesita de la cooperación de los demás si quiere sobrevivir; debe cooperar ya sea para defenderse de los enemigos o de los peligros naturales, ya sea para poder trabajar y producir. Hasta Robinson Crusoe se hallaba acompañado por su servidor Viernes; y sin éste probablemente no sólo hubiera enloquecido, sino que hubiera muerto. Cada uno de nosotros ha experimentado en la niñez, de una manera muy severa, esta necesidad de ayuda ajena. A causa de la incapacidad material, por parte del niño, de cuidarse por sí mismo en lo concerniente a las funciones de fundamental importancia, la comunicación con los otros es para él una cuestión de vida o muerte. La posibilidad de ser abandonado a sí mismo es necesariamente la amenaza más seria a toda la existencia del niño.
Hay, sin embargo, considero que hay, otro elemento que hace de la pertenencia (lo que viene a ser el "need to belong" literario) una necesidad tan compulsiva: el hecho de la autoconciencia subjetiva, de la facultad mental por cuyo medio el hombre tiene conciencia de sí mismo como de una entidad individual, distinta de la naturaleza exterior y de las otras personas. Aunque el grado de autoconciencia varía, como será puesto de relieve a medida  que vayamos madurando, la existencia le plantea al hombre un problema que es, evidentemente, esencialmente humano: al tener conciencia de sí mismo como de algo distinto de la naturaleza y de los demás individuos, al tener conciencia -aun oscuramente- de la muerte, la enfermedad, la vejez, el individuo debe sentir necesariamente su insignificancia y pequeñez en comparación con el universo y con todos los demás que no sean "él". A menos que pertenezca a algo, o a alguien en cuanto a lo que pertenecer sentimentalmente hablando nos referimos, a menos que su vida posea algún significado y dirección, se sentirá como una partícula de polvo, y se verá aplastado por la insignificancia de su individualidad. No será capaz de relacionarse con algún sistema que proporcione significado y dirección a su vida, estará lleno de duda, y ésta, con el tiempo, llegará a paralizar su capacidad de obrar, es decir, paralizara su vida. Es por esto por lo que el ser humano combate la soledad de formas que escapan al raciocinio que nos caracteriza.

Con palabras sencillas, sintiéndome solo aprendí que en la vida no todo es avanzar, sino que a veces, hay que dar un paso atrás, corregir errores. Pero que se yo, al fin y al cabo, si os habéis metido a leer una entrada cuyo nombre es soledad, es porque probablemente, ya os sintáis tan solos como yo escribiendo sobre la soledad, y entonces yo no puedo hacer nada para ayudaros, más que deciros que si os sentís solos, es porque ahí fuera hay alguien que no ha sabido apreciar vuestra compañía.

La soledad no existe, son los padres.

"Morir en la lucha contra la opresión a la libertad es la máxima expresión de la individualidad humana"