domingo, 21 de octubre de 2012

Soledad.

Debéis aprender una cosa, imprimirla en vuestra mente todavía maleable: el hombre tiene horror a la soledad, pánico, tememos la soledad. Y de todos los tipos de soledad, la soledad sentimental y moral es la más terrible. Los primeros ermitaños vivían con Dios. Habitaba en el más poblado de los mundos: el mundo de los espíritus, de los dioses (marihuana dubidu). Pero... el primer pensamiento del hombre, sea un ermitaño, un leproso, un prisionero, o un jodido pescador, es éste: tener un compañero para su desgracia. Para satisfacer este impulso, que es la vida misma, emplea toda su fuerza, todo su poder, las energías de toda su vida. ¿Hubiera encontrado compañeros el Che para su revolución sin este deseo todopoderoso? Sobre este tema se podría escribir todo un poema épico, que sería el prólogo del Paraíso Perdido, porque el Paraíso Perdido no es más que la apología de la rebelión, una apología de Jhon Milton de más de 10.000 versos, pero que no tiene perdida.
 Pero no me andaré más por las ramas, voy a procurar mostraros esa necesidad de sentirse unido a los otros, ya que esto no posee ninguna cualidad misteriosa, y deseo señalar la dirección en la cual, según mi opinión, puede hallarse la respuesta al por qué de este temor a la soledad.
Un elemento muy importante lo constituye el hecho de que los hombres no pueden vivir si carecen de formas de mutua cooperación. En cualquier tipo posible de cultura el hombre necesita de la cooperación de los demás si quiere sobrevivir; debe cooperar ya sea para defenderse de los enemigos o de los peligros naturales, ya sea para poder trabajar y producir. Hasta Robinson Crusoe se hallaba acompañado por su servidor Viernes; y sin éste probablemente no sólo hubiera enloquecido, sino que hubiera muerto. Cada uno de nosotros ha experimentado en la niñez, de una manera muy severa, esta necesidad de ayuda ajena. A causa de la incapacidad material, por parte del niño, de cuidarse por sí mismo en lo concerniente a las funciones de fundamental importancia, la comunicación con los otros es para él una cuestión de vida o muerte. La posibilidad de ser abandonado a sí mismo es necesariamente la amenaza más seria a toda la existencia del niño.
Hay, sin embargo, considero que hay, otro elemento que hace de la pertenencia (lo que viene a ser el "need to belong" literario) una necesidad tan compulsiva: el hecho de la autoconciencia subjetiva, de la facultad mental por cuyo medio el hombre tiene conciencia de sí mismo como de una entidad individual, distinta de la naturaleza exterior y de las otras personas. Aunque el grado de autoconciencia varía, como será puesto de relieve a medida  que vayamos madurando, la existencia le plantea al hombre un problema que es, evidentemente, esencialmente humano: al tener conciencia de sí mismo como de algo distinto de la naturaleza y de los demás individuos, al tener conciencia -aun oscuramente- de la muerte, la enfermedad, la vejez, el individuo debe sentir necesariamente su insignificancia y pequeñez en comparación con el universo y con todos los demás que no sean "él". A menos que pertenezca a algo, o a alguien en cuanto a lo que pertenecer sentimentalmente hablando nos referimos, a menos que su vida posea algún significado y dirección, se sentirá como una partícula de polvo, y se verá aplastado por la insignificancia de su individualidad. No será capaz de relacionarse con algún sistema que proporcione significado y dirección a su vida, estará lleno de duda, y ésta, con el tiempo, llegará a paralizar su capacidad de obrar, es decir, paralizara su vida. Es por esto por lo que el ser humano combate la soledad de formas que escapan al raciocinio que nos caracteriza.

Con palabras sencillas, sintiéndome solo aprendí que en la vida no todo es avanzar, sino que a veces, hay que dar un paso atrás, corregir errores. Pero que se yo, al fin y al cabo, si os habéis metido a leer una entrada cuyo nombre es soledad, es porque probablemente, ya os sintáis tan solos como yo escribiendo sobre la soledad, y entonces yo no puedo hacer nada para ayudaros, más que deciros que si os sentís solos, es porque ahí fuera hay alguien que no ha sabido apreciar vuestra compañía.

La soledad no existe, son los padres.

"Morir en la lucha contra la opresión a la libertad es la máxima expresión de la individualidad humana"

jueves, 11 de octubre de 2012

Colisión.

Colisión.

Haría el mismo frío que esta noche. Quizá más. La misma poca luz, la que regalan las noches cerradas en una calle escondida de una gran ciudad, con farolas centelleantes, escondidas entre ramajes de árboles alquitranados. Sería tarde. Eso es exactamente mi historia. Una hora tardía, entre sombras, alquitrán y vapores gélidos.

Y desamor por todo, y sobre todo.

Comencemos por donde debemos. Hace ya tiempo de aquella época en la que hacía el amor una vez por semana con una chica a la que podía abrazar y dar conversación tras hacerlo. No sé en qué momento decidí echar todo por tierra, pero decidí hacerlo. Lejos de arrepentirme, lo volvería hacer, sólo para recibir el sufrimiento que merezco como ser humano, y como ser egoísta.
No me importaba su nombre, y nunca lo supe. Ni tan siquiera quiero saberlo. Sería como poner nombre al dolor. Es impregnar de afecto el odio más oscuro y tormentoso.
Cómo iba diciendo, hace ya tiempo de aquella época en la que la vida era maravillosa con sus defectos y sus pequeños destellos de sol. Como fecha, tan sólo recuerdo aquel 5 de Noviembre, y lo que sobrevino después.

- ¿No quieres tener un futuro?
- Esto es lo que se supone que es el futuro. Sin putos coches voladores ni robots que trabajen   por mí. Sin trajes metálicos ni extraterrestres destruyendo monumentos, o fecundando mujeres. No es la mierda que nos vendieron, es la mierda que nos merecemos. Esto es el futuro que yo no imaginé hace 20 años, pero al fin y al cabo, es el futuro.
 - Me refiero a....
 - Sé a lo que te refieres. A tener dinero en el banco, un coche familiar, y un perro al que  al que sacar a las 6 de la mañana. ¿Y sabes qué? Prefiero morirme de asco bajo la  contaminación de esta ciudad antes que ser cualquiera.
 - Tu futuro no tiene que ser su futuro.
 - Mi futuro...quizá tengas razón. Quizá. Quizá tenga que pensar en mi futuro.
 - A eso me refiero. No tienes que ser el esclavo de nadie, ni el prototipo perfecto...
 - Que te follen.
 -¡¿Qué?!
 - Que que te follen. Lo mejor que nos puede pasar a ambos es que nos olvidemos.
 - ¿Pero que te pasa ahora?
 - No quiero ser feliz. No he nacido para ser feliz. No he nacido para tener una vida, he nacido para no tener motivos por los que vivir ni por los que morir. No quiero ser feliz. Realmente ni te quiero. Simplemente me he acomodado a ser un cualquiera. Que te follen.

Nunca recordaré su cara al verme por última vez. Porque no tuve el valor de mirarla a los ojos.

Por supuesto que nunca la eché de menos.

Lo siguiente que hice fue recoger todo lo imprescindible para viajar sin rumbo, y pillar toda la pasta que me fuese posible. Con la música en los cascos, la voz interior tuvo que gritar más de la cuenta para ensordecerme de dolor.

Cogí los tres primeros autobuses que pasaron, hasta acabar en la estación. Una vez allí, ¿dónde ir? Por ahora tenía dinero para el viaje, y un mes de comida en lata y búsqueda intensa de curro basura. Lo justo para vivir como cualquier humano mientras me planteaba el qué hacer para no sentirme como cualquier otro. Sin pensarlo mucho más, cogí el billete que antes me llevase lo más lejos de allí.
Y así es como cogí mi destino como quien coge la rutina. En 10 horas estaría fuera del país, descansando en cualquier pensión de media estrella, frecuentada por prostitutas y padres de familia, que no hablaban mi idioma. Entonces pensé que una clase extra de francés en boca de alguna de aquellas bilingües no estaría de más. Y así me dormí.

Con el estómago lleno, decidí llegar a base de transporte gratuito hasta la ciudad que más insignificante me hiciese parecer. No pensaba en el qué hacer, tan sólo en el llegar donde no fuese nada más que nada. Y así es como me planté en el infierno.

Despertar en una pensión que bien podría ser menos acogedora que un féretro era lo de menos cuando uno tiene el problema de sobrevivir sin tener ni puta idea de para qué. Decidí darme una vuelta por la ciudad, perderme, y que alguien me encontrase. Paseé por parques que no acababan excepto cuando no querías que acabasen, comí insalubridad y rapidez, y digerí la precipitación con la que había roto con todo lo anterior. Quizá todo esté muy precipitado. Procedo a explicar.

Mi nombre no importa, pero tenía la vida que cualquier persona normal sin excesivas aspiraciones ni excesivos problemas. Pero para empezar, yo era un problema. Había tenido múltiples relaciones con personas increíbles, y ninguna me pareció más que un intercambio de fluidos y verborreas insustanciales sobre cualquier gilipollez, ya fuese metafísica o hablar sobre cervezas. Tuve un trabajo, y posiblemente en el trabajo sigan pensando que lo tengo. Tenía un bonito móvil táctil con un protector de pantalla de estrellitas que era la rehostia. Y una caja de ansiolíticos perpetua en la mesilla de noche. Y un iPod. Y un reloj carísimo que desgastaba mi vida.

Y ahora estoy en busca de lo que me faltaba entonces, la libertad, el amor, el odio, los problemas, las soluciones. La vida.

- ¿Tienes fuego?
- ¿Cómo?
- ¿Que si tienes fuego?
- No tengo, y por favor, no te vayas.

jueves, 4 de octubre de 2012

Patriotismos.



Patriotismos.

Hablando con un amigo sobre no sé qué, salió el tema de los nacionalismos. A continuación, quiero exponer mi visión.
El patriotismo viene a ser el sentimiento de apego por el lugar donde naciste, creciste, o resides. Este apego lo suelen defender los patriotas por encima de todo. Bien. Yo no creo en las naciones, fronteras, banderas ni ese tipo de cosas que crean guerras, diferencias sociales, y excusas para matar. Por lo tanto, no puedo sentirme patriota. No entiendo a la gente, la verdad. El orgullo patrio es una mentira que le encanta a esta sociedad. Uno puede sentir orgullo por algo de lo que puedes presumir estar orgulloso. Sentirse patriota en España es el respeto a sus tradiciones, como el maltrato animal por diversión. Sentirse patriota en Estados Unidos es el respeto a sus tradiciones, como achicharrar inmigrantes en sillas eléctricas. Sentirse orgulloso en Australia es el respeto a sus tradiciones. Bueno, no conozco las tradiciones de Australia. Aquí quería llegar.
El patriotismo nace de el desconocimiento. No puedes sentirte identificado con un ideal, o sentimiento como el patriotismo, ya que engloba realmente a una serie de personas, con las cuales no vas a coincidir en la idea sobre la propia patria. Entonces, cada uno es patriota de su propia patria, pero no de una patria en común. A mí no me van a vender un sentimiento el cual no necesito.
Los argumentos de "me gusta el idioma, el clima etc." no valen para el patriotismo. Valen para hacer turismo, vivir en un lugar, y que te encante un lugar. Pero de gustarte un lugar, al patriotismo, hay un gran trecho. Los patriotas suelen usar ese lema de "por mi país mato, y muero". Y me encanta. Supuestamente estarías matando o muriendo por un país, que compartes conmigo, y yo en absoluto mataría o moriría por esa persona. Y como yo, prácticamente todos los patriotas, no patriotas, y semipatriotas. Asumid que es una mentira que os han metido en la cabeza para defender los intereses de otras personas. Y si no queréis asumirlo, no lo asumáis. Pero no presumáis de una patria la cual apesta a toro muerto, a policías consumidores de droga, y a ejército. Todo país que apesta a ejército no puede ser mi patria. Si estás orgulloso del máximo organismo patrio, no congeniarás conmigo. El ejército...en fin.
Que eso. Las patrias no existen, son los padres.
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"Buscandola, encontrandola, y perdiendola en cada despedida". 

sábado, 29 de septiembre de 2012

Música.

"Pocas personas saben tocar un instrumento, pocas saben leer las notas en un pentagrama. Que te guste la música no tiene nada que ver con eso. Porque la música no hay que entenderla, te llega y te toca, sin que sepas por qué. Ésa es su esencia. Pero tocarla, hacerla... es diferente. Cuando tocas, cada nota tienes que tocarla como si fuese la última, dar de ti mismo todo lo que debes, no importa si es haciendo un sandwich, o tocando delante de 20.000 personas, porque hay que hacerlo, darlo todo de uno mismo a lo que se esta haciendo en ese preciso instante. Por eso, como decía Mozart, lo mas importante, difícil y principal en la música, es el tiempo. El tiempo se compone de momentos que se suceden progresivamente, pero a la hora de tocar, no importa el momento, simplemente hay que hacer eso, darlo todo de uno mismo, en todo momento, porque cuando uno toca, toca su vida, da igual el instrumento, y el equipo, eso realmente no importa, porque tu sonido es el sonido de tu cerebro y tus dedos. Nietzsche decía que sin música la vida sería un error, para un músico, sin música la vida no sería un error, sería una putada. Al fin y al cabo, la música es sinónimo de libertad, de tocar lo que quieras, cuando quieras, y en el mundo en el que vivimos hay que luchar por esta libertad. Una vida dedicada a la música es una vida empleada de una de las mejores formas. La música es el corazón de la vida, sin ella no hay bien posible. La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido, en la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad. Con la música, la vida tiene más sentido. En la música no hay límites, ni barreras, ni fronteras. La música es libertad. La música es ser libre y no estar atado a nada, no intentar encajar en ninguna moda, estilo, o categoría, y esto... esto es extensible a la vida en general. A tu aspecto, a tu modo de hablar, a tu modo de actuar, a tu modo de vivir".


Quiero llegar a ser arte, comprender el arte, y borrar todas las fronteras que tiene el ser un humano más. Un chillido reverberante en el espacio queda mudo. Una palabra sin ojos queda sorda. Despiértame cuando vuelva la tormenta, procura que este ella a mi lado.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Castillos.

¿Nunca has visitado uno de esos castillos? No me refiero a los castillos corrientes, no a esos que se cuentan por cientos, medievales de murallas altas y fuertes torres que desafían al viento. Un castillo de verdad, no como los que se visitan en familia los días de puente, como simple pretexto para malgastar el dinero en un restaurante lejos de casa, porque a quien demonios le interesa un castillo, su historia o la maldita seguridad social cuando hay un sitio donde comer y malgastar el dinero de forma estúpida.

¿Nunca has paseado por un castillo como te digo? No como esos que los directores americanos utilizan para los rodajes de sus largometrajes estúpidos, sin trama y con tantos fallos históricos,  cronológicos y lógicos que podría escribirse un libro mas largo que la Biblia relatándolos, esos castillos tampoco merecen más de un vistazo, muy a pesar de la historia que relatan sus piedras.

Los castillos de los que te hablo no los puedes tocar. No puedes pasear por sus interminables galerías y aposentos, que algún día acogieron a grandes nobles farsantes entre sus piedras. No puedes admirar sus tapices, o sus altas almenas, sus vidrieras, sus murallas. Ni tan siquiera encontrarás una triste exposición tejida por maquetas de batallas que a ti y a mi no nos importan lo más mínimo.

Los castillos de los que hablo ni tan siquiera son fáciles de encontrar. No hay indicaciones para llegar hasta ellos, solo surgen de la nada, sin más, y de pronto tropiezas con un muro de cientos de años de antigüedad que es tan tangible como mis botas y tan efímero como el vapor de agua que exhala tu aliento.

Créeme cuando te digo que esos castillos, y no otros, son el tipo de castillos por los que cualquier persona mataría por conquistar. Es el tipo de castillo en el que yo me consumiría ¿sabes? Sí... realmente eso es un castillo por el que merecería la pena morir... tú ya me entiendes.
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Nunca me he interesado mucho por la poesía. Siempre me ha parecido ridículo tener que estudiar miles y miles de líneas sobre autores que no aportaron nada a la historia y al mundo más que palabras. Eso fue hasta que me hice consciente de que mediante palabras se cambia el mundo, así que en un momento de aburrimiento me anime a escribir algo . Aquí tenéis algo de lo que salió:

Imperfecciones.

... Y le pidió a la Luna una sonrisa
escueta y desmedida en placeres.
Y la Luna, tan oscura en su prisa,
se ocupó en sus mil quehaceres...

Él llenó su pecho de los colores
negros que trajo la eterna brisa.
Y desterró a tantos nobles señores
de su camino de musa y risa...

Veréis que buscaba en el silencio
y a gritos la respuesta exacta
a sus plegarias de poeta absurdo,

que su Dama, amplia en desprecio,
le enviaba con voluntad recta
a su sendero de piedras, el mundo.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Como espejos convexos.

Antes de nada, esta entrada solo van a poder entenderla aquellos que lleven en mi colegio tanto, más, o un tiempo similar al que llevo yo.

Como espejos convexos:

Hace poco que tengo una sensación, más o menos desde que empecé este último curso. Hace poco que me esfuerzo realmente por ser más consciente de todo: el olor a tiza, que se cuela en mi nariz como en las huellas dactilares de los maestros, y se queda ahí, flotando en mis pulmones, el olor a adolescente, a lápiz, a tinta, a risas de las dos y media, y el olor a comedor, que baila con mi percepción al ritmo que marca Yolanda, que lleva en este sitio tanto o más que yo, y que no ha faltado ningún día a su guardia delante de la papelera. Se que relativamente pronto llegará, oficialmente, el último día de clase, y no estoy contento, porque esta vez, y sólo esta, será el último para siempre.

¿Cómo se deja atrás en un solo día el lugar que ha sido tu segundo hogar durante toda una vida? Desde el preciso instante en el que me senté a jugar solo y desorientado en la moqueta de infantil, ese instante en el que otro niño se acercó a jugar conmigo, y lazos etéreos ataron nuestros afectos para siempre; ese día supe que tenía una nueva casa, y que él, Dani, siempre estaría en ella.

Todos éramos pájaros sin alas por aquél entonces. Fue Monse, hace ya 12 años, quien vio como nos crecían las primeras plumas. Con ella recorrimos las letras con los dedos, y el color y la imaginación cobraron un nuevo sentido, muy especial y diferente.

Al año siguiente, Mari Carmen, fue la locomotora de nuestro tren durante 2 años, con ella comenzamos a planear. Sólo ahora y sólo nosotros sabemos cuanto esfuerzo debió suponerle lidiar con unos pájaros tan inquietos. Las puertas del conocimiento se abrían, nos invadía con recelo la suficiencia que otorga el saber.

En ese preciso instante, María, Reme, y Quique relevaron a Isabel, y fueron los encargados de enseñarnos que volar no lo es todo en la vida de las aves. María sacó de nosotros hebra a hebra la fantasía que todos llevamos dentro, nos enseñó a hacerla real. Reme empujó un poquito más allá de la línea que marcaba el límite de nuestro conocimiento. Quique, siempre con una sonrisa, nos enseñó que los números, en realidad, son mucho más sencillos que la vida misma.

Recuerdo las carreras con Ginés y con Ana, la energía insoportable, las peonzas y los zancos, las piruletas, el barro de los días de lluvia, el carnaval, los festivales y todo aquello que pasó a un segundo plano cuando cambiamos nuestro patio colorido por otro de cemento y sol.

Al principio intentamos perpetuar las carreras y las risas, quisimos seguir siendo tan libres e irracionales como éramos antes, pero pronto nos dimos cuenta de que era otro tipo de comportamiento el que se esperaba de nosotros, comprendimos por qué este nuevo patio no tenía color. Algo había cambiado y cambiaba día a día, indefinidamente, y a una velocidad de vértigo.

Lidia, Carmen "la de física y química" eternamente unida a su epíteto, Emma, Juan Carlos, Paco, Carmen "la de eduación física", Pedro, Lola, Cesar, Jesús, Elena Chamorro y Raquel, siempre atenta, nos acompañaron en este tramo del camino, proyectándonos una imagen alargada y mejorada de nosotros mismos, como espejos convexos. Las chicas crecieron más que los chicos, pero nosotros en pocos años recuperamos nuestro terreno, al menos en el plano físico. Cada vez nos invadía una seguridad mayor, un conocimiento tan amplio que a la mayoría de nosotros nos invadió la prepotencia y la soberbia adolescentes. Fue en 3º de la E.S.O cuando los libros más gruesos que habíamos visto nunca nos pusieron los pies en el suelo, y dejamos de volar, porque una nueva consciencia se coló en nuestras pestañas.

Muchos de nuestros "profes" se quedaron en las mismas aulas y nosotros seguimos con el viento de Otoño que arrastra las hojas hacia nuevos y diferentes horizontes. Carmen, Pedro y Lola se quedaron, y también Consoli, Gloria, Suzanne y Carmen, Rafa, y Manolo, y todo el respeto que nos infundía a todos, pero que seguro puedo decir que jamás olvidaremos.

No recuerdo en que momento dejé de oler el barro, la risa, el lapiz, el frio de las nueve en punto y el comedor de las dos y media, pero se que fue en el mismo instante en el que supe que este hogar no duraría para siempre. Las paredes, y los profesores que nos estiraron y moldearon, los ladrillos, las mesas y sillas verdes y las puertas rojas, y el cemento gris... todo seguiría ahí pero nosotros ya no seríamos parte de ello.

Para cuando dimos el último salto y bajamos a las aulas de los mayores, el peso de los libros casi nos anclaba al centro del mismo planeta. Manolo siguió con nosotros, y diré en confianza, que se transformó en cordero a nuestros ojos, Carmen, siempre paciente, nunca nos soltó la mano, igual que Gloria, Chamorro, Suzanne y Carmen,  Josu, siempre con una sonrisa para todos, y Antonio. A día de hoy Miguel Ángel, y su voz, que bien merece una mención aparte, Fernando, y sus chistes preparados, y Chema... Chema, que ha dejado por los suelos mi idea de que los números son sencillos.

Tantos han sido los espejos convexos que me han acompañado durante toda esta vida, reflejando mi imagen, retocándola. Siempre preocupados, siempre atentos, esculpiendo día a día la huella que todos, inevitablemente, dejarán en mi mismo, en lo que hoy puedo decir que soy y he sido. Aquí, entre el cristal y los ladrillos quedará prendida una parte de mi, de ellos, y de todos nosotros.

Ahora me balanceo entre el pasado y la nada, lo incierto, y aunque nunca camino ni caminaré solo, el paso definitivo se me hace realmente difícil.

El viento de Otoño, indefectiblemente, arrastra las hojas que, por más que lo intenten, no pueden quedarse amarradas al suelo. Han de seguir el camino, sea cual sea, que el viento les otorga.

Es por todo esto que hace poco me esfuerzo en grabar en mi memoria cada color, olor y sonido, cada rostro de cada hoja que continuará aquí y se irá como yo, para que nunca este lugar deje mi memoria, para recordarlo como mi taller, el que me ensambló y ahora me envía al mundo real , el de ahí fuera.

Si notas una ligera presión al atravesar la cristalera, debe de ser el recuerdo de tantos como yo, que se van, pero nunca dejan de estar, y permanecerán siempre en el lugar que les acompañó durante toda una vida.

No cierres al salir, porque Pepe se sabe de memoria cada llave de cada puerta. Y despídete de él al irte, porque siempre tuve la sensación de que es algo más que el guardián de la escuela, y además, seguro que le gusta.

Te vas, y es inevitable, pero en tu fondo, en mi fondo, sabemos que volveremos.

martes, 18 de septiembre de 2012

00:50


Me da igual lo que hablen, intenten, o sientan. Me da igual si está brillando el Sol o se está ocultando la Luna. Si estás drogado o durmiendo. Si pasa el tiempo. Si juegas a morder labios. Si queréis matarme o encumbrarme. Si la luz está cegando la verdad, o son todo "conspiranoias" absurdas. Me da igual si os sentís mal, porque siempre alguien se sentirá peor. Me da igual absolutamente todo.

Solo me importa que llueva o que deje de hacerlo. Y no quiero que deje de llover, por mucho que me ahogue, por mucho que me moje, por mucho frío que tenga. No dejes de llover, no quiero que dejes de llover.
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Las verdaderas historias de amor no empiezan con una mirada. No empiezan con un cruce casual, ni con un destino que marca el choque. No empiezan con un hombre perfecto y una mujer perfecta. No empiezan con besos apasionados bajo la lluvia de París en un cielo que se torna grisáceo y azul a su vez. No empiezan con un latido acompasado entre dos hombres. Ni entre dos mujeres. Ni entre un hombre y una mujer. Las verdaderas historias de amor no empiezan cuando te percatas de las mariposas en el estómago.

Las verdaderas historias de amor solo empiezan cuando los implicados, en su vida, lo último que quieren exhalar, es el aliento del amado.
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Si, hoy estoy poco ingenioso, así que me remitiré a la probabilidad de siempre por la que sabréis como soy.
Probablemente mi vida sea el Blade Runner Blues con lluvia de fondo, claroscuro de amor y odio, bourbon barato, y una herida incipiente en el labio inferior. Claro que quiero hacer de mi vida un recuerdo, pero no uno dulce, sí uno real. Con sus defensores y sus detractores. No quiero pasar sin más como todos esos necios que portan el maletín con el logo de su empresa firmando papeles que a la Tierra no le son importantes. Quiero llegar a ser arte, comprender el arte, y borrar todas las fronteras que tiene el ser un humano más. Un chillido reverberante en el espacio queda mudo. Una palabra sin ojos queda sorda. Despiértame cuando vuelva la tormenta, procura que este ella a mi lado.